La detección precoz, clave para frenar la degeneración macular

 

 

Las revisiones oftalmológicas periódicas a partir de los 40 años de edad pueden lograr prevenir más del cincuenta por ciento de los casos de ceguera y baja visión

 

tomografiaLa degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es una dolencia ocular que ocasiona una progresiva pérdida, incluso total, de la visión central. Se produce al dañarse la mácula, zona de la retina central gracias a la cual discriminamos con más detalle lo que vemos o hacia donde dirigimos la mirada, nos permite la lectura, reconocer caras, colores, y llevar a cabo acciones como conducir. Es por ello que puede afectar gravemente la calidad de vida del paciente y su capacidad para realizar actividades cotidianas.

 

La DMAE representa la causa de baja visión y ceguera legal (ver menos del 10% de lo normal) en mayores de 60 años más frecuente en los países desarrollados, de manera que en España más del 2% de los mayores de 50 la sufren y hasta el 20% de los que superan los 75 años.

 

En total, se calcula que afecta a más de 800.000 personas en el territorio nacional y 40.000 en Galicia.

 

«Se trata de un proceso de tipo degenerativo e irreversible pero si se detecta a tiempo hoy día se puede lograr frenar y evitar que evolucione a formas más graves», recalca José Antonio Saavedra, codirector del Centro de Ojos de La Coruña.

 

El ojo, al igual que el resto del organismo, también envejece y dado que más del 20 % de la población supera los 65 años, se constata un aumento espectacular de la patología ocular asociada a la edad. De ahí que los especialistas insistan en la necesidad de someterse periódicamente a revisiones oftalmológicas a partir de los 40 años, sobre todo si existen antecedentes en la familia.

 

 

Líneas rectas que se ondulan

 

Acudir al especialista ha de ser una prioridad inaplazable cuando se tienen los primeros síntomas. Al afectar a la visión central, con la degeneración macular lo primero que se nota es la distorsión de las imágenes, de manera que las líneas rectas se ven onduladas.

 

En fases más avanzadas se ve una mancha más o menos densa en el centro del campo de visión (escotoma) justo hacia don de dirigimos la mirada, de modo que «el paciente mira pero no ve», explica el doctor Saavedra. El paciente puede autoexplorarse mediante una cuadrícula impresa (rejilla de Amsler) o bien fijándose en líneas que deberían ser rectas, como las de un suelo de baldosas, o las de los marcos de puertas y ventanas.

 

La persona afectada se ve incapacitada para tareas tan cotidianas como leer, escribir o conducir, con la consiguiente reducción en la calidad de vida «y las consecuencias psicológicas y sociales que esta pérdida puede conllevar», destaca el especialista.

 

La importancia de identificar esos primeros síntomas de visión distorsionada radica en que «en muchos casos se puede tratar en ese momento con fármacos antiangiogénicos que se administran intraocularmente y logran frenar la progresión de la degeneración macular», subraya el codirector del Centro de Ojos de La Coruña.

 

 

El 70 % de los pacientes tratados con los nuevos fármacos conservan la vista

 

Al margen de la predisposición genética y la edad, existen otros factores de riesgo para la DMAE, como son una dieta pobre en frutas y verduras y con exceso de grasas saturadas, o la insuficiente ingesta de vitaminas C y E y de minerales como el zinc. Además, el tabaquismo, la hipertensión arterial, la obesidad, el exceso de exposición al sol o tener los ojos claros también favorecen el desarrollo de la patología, que puede presentarse en dos formas: la seca o atrófica, que es la más frecuente y en la que se produce una pérdida paulatina, lenta y gradual, de la capacidad de distinguir detalles; y una húmeda o exudativa, que cuando evoluciona lo hace de manera aguda y rápida, en la que, debido a la existencia de unos vasos anómalos debajo de la mácula, se filtra sangre y líquido originando la pérdida neuronal y la disminución de la visión central.

 

Visitar al oftalmólogo a partir de los 40 años y aprender a reconocer los síntomas de afectación aguda como la distorsión o la visión de una mancha fija son las claves de prevención, además de cambiar la dieta y los hábitos. Además, si existen fuertes antecedentes familiares o incluso ya se tiene dañado uno de los ojos, se pueden tomar antioxidantes específicos para la mácula.

 

Hoy en día es posible frenar la evolución de ciertos tipos de DMAE húmeda mediante los nuevos fármacos que han venido a revolucionar las posibilidades de tratamiento, hasta hace unos años limitados al láser. Recientemente aparecieron las inyecciones intravítreas con factores antiangiogénicos, que bloquean la progresión de las membranas neovasculares. La media de inyecciones intravítreas de tratamiento al año es entre 5 y 6, y se administran de forma ambulatoria, sin ingreso.

 

«El 70 % de los pacientes tratados consiguen no perder visión al año y el 40 % consiguen acabar con visiones por encima del 0,5, lo que implica, por ejemplo, poder leer o incluso conducir», insiste Carlos Méndez, codirector del Centro de Ojos. En todo caso, «el tratamiento precoz en estos casos es prioritario para conseguir buenos resultados», recalca el experto.